Imagen referencial

El humo del tabaco suele entrar por la boca y, tras hacer un recorrido por todo el tracto respiratorio, se expulsa por la boca o la nariz. A lo largo de todo este trayecto, el aumento excesivo de la temperatura y los materiales de la combustión causan micro-agresiones.

¿Cómo afecta a los dientes y a la boca?

La nicotina y el alquitrán, que se disuelven en la saliva, penetran en el interior del diente hasta llegar incluso a la dentina. Así, las piezas dentales adquieren un color pardo amarronado, que puede llegar a ser negro, y son más propensas a la aparición de sarro, aumentando el riesgo de gingivitis, periodontitis o piorrea, en los casos más severos.

Por otra parte, la nicotina tiene un efecto vasoconstrictor de la microcirculación gingival y reduce el aporte de oxígeno y nutrientes a la encía, por lo que el tejido de sujeción del diente Tabaco y dientes: enemigos irreconciliables disminuye. El humo del tabaco reduce la capacidad inmunitaria y favorece la aparición de bacterias en la placa bacteriana, lo que hace que el diente sea más propenso a la acumulación de sarro y más débil frente a la acción de las bacterias.

Los fumadores, por ejemplo, presentan una mayor prevalencia y gravedad en la periodontitis, una encía con un tono más pálido y dientes con pérdida de soporte óseo, con una estética que envejece la sonrisa, ya que desaparecen las papilas de la encía entre los dientes y aparecen espacios oscuros en su lugar.

El cáncer oral es la consecuencia más grave

Es, sin duda, el problema más serio relacionado con el tabaco. En España, entre el 75% y el 90% de todos los casos de cáncer oral están ligados a los efectos combinados del consumo de tabaco y alcohol. Los fumadores que no consumen alcohol tienen un riesgo entre 2 y 4 veces mayor de desarrollar cáncer oral que las personas que no beben ni fuman.

Dejar de fumar se presenta así como un factor preventivo determinante para evitar estas enfermedades.

Autor: EuropaPress – Fuente: EuropaPress