Dolores Pérez, originaria de Oaxaca (México) sufrió a los 9 años un terrible accidente cuando por accidente un candil cayó en su cama produciéndole quemaduras de tercer grado en la cara, cuello, tórax, región mamaria y pliegues de flexión de ambos brazos.

Aunque fue atendida en diferentes lugares donde le aplicaron injertos que ayudaron a sanar algunas lesiones, su mentón quedo adherido al pecho por lo que no podía girar el cuello, además la deformidad en el rostro no la dejaba cerrar la boca.

En 2014 fue referida al servicio de cirugía plástica y reconstructiva del Hospital Juárez de México, donde fue valorada por un equipo multidisciplinario de especialistas en el área de Cirugía Reconstructiva de cabeza y cuello y Cirugía Maxilofacial.

Cuando fue examinada por los cirujanos Blanca Arámbula, César Vazquez y Madeleine Vélez entre otros, observaron que las cicatrices retráctiles limitaron el desarrollo del tercio inferior facial, lo que imposibilitó el crecimiento normal de la mandíbula y realizar movimientos en el cuello y la zona de pliegues.

El examen concluyó que era candidata para parcticarle una microcirugía reconstructiva para sustituir la unidad anatomica del cuello, y a una cirugía maxilofacial, para la liberación de la cicatriz retráctil de labio y realizar un avance de mentón, para lo cual practicaron varios estudios a fin de elegir la mejor técnica.

La intervención duró 10 horas y una semana después la paciente fue dada de alta, logrando recuperar el movimiento del cuello.

Los especialistas explicaron que para la reconstrucción facial se practicaron dos cortes óseos al nivel del mentón y la reposición el tejido. Se retiró la piel retráctil del área del cuello, y se liberaron los músculos de la región cervical.

“Se liberaron las cicatrices retráctil del labio, se fijó una placa con tornillos de los segmentos óseos. Además se colocaron piezas dentales, que le permite comunicarse” – Blanca Arámbula


Fuente: Milenio